lunes, 12 de enero de 2009


Tengo que confesarlo,  Me encanta la navidad. 
 Es extraño, no me gusta poner los adornos navideños,  me desespera que me pidan  cuelgue los focos, decore el árbol o saque del entierro esos tres reyes magos, viejos y deformados, para ponerlos frente al nacimiento.

Pero me emociona ver la cara de los niños abriendo un regalo, recordar a mi abuelito, ya subido de copas, hablando de como tengo que ser mejor que el y que mi papa, arreglarme para misa de gallo.  

Ayer Pily, me dio dos regalos,  me platico una parte de su vida, dandome fuerza y ejemplo de como vive una mujer integra y me regalo una hermosa imagen de Nuestra Señora con  el niño en brazos.

Cada que imagino a esa quinceañera, hermosa y tierna, con ese niño en los brazos, cada que imagino su expresión al contemplarlo, al darle de comer de su propio cuerpo, al arrullarlo, comprendo un poco mas por que me gusta tanto la navidad.

Se trata de El  y su encuentro con su mama, y por medio de Ella se encontró con todos nosotros.
Como no nos va a Amar Dios si aprendió a vernos en los tiernos ojos de su madre.

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